Cinco ingredientes de la comunicación envenenada
No existe un sistema de
comunicación pública veraz, al servicio de la humanidad, que proteja a las
sociedades del retorcimiento sistemático de la realidad
La colusión del
sistema de medios con el crimen organizado a escala planetaria es un dato de
primer orden para analizar el actual pasaje de la humanidad. El periodismo ha
dejado de ser el cuarto poder, o un contrapoder, para unirse con los poderes
tradicionales al efecto de oprimir a los ciudadanos.
El debate en
torno a las fake news rehúye el
verdadero debate. No existe un sistema de comunicación pública veraz, al
servicio de la humanidad, que proteja a las sociedades del retorcimiento
sistemático de la realidad que ejecuta la prensa coordinada con sicarios
políticos, económicos y judiciales.
Esta tendencia
avanza, sobre todo en países débiles institucionalmente. En Argentina y Brasil
se consolida un comando unificado, una simbiosis gobierno-justicia-medios que
concentra poderes de creación de realidad virtual nunca antes acumulados. En
este Totalitarismo 2.0 las noticias están caracterizadas por un gran contenido
tóxico y cultivan un fraude informativo a gran escala sobre hechos claves de la
historia. Se formatea así la mente del ciudadano colonizado que justifica y
defiende la dominación colonial.
Mientras los
parlamentos debaten cómo reglamentar medios y redes para combatir las noticias
falsas, vivimos en la era del fraude informativo. Y por supuesto: no nos
enteramos.
Concepto de fraude informativo
Un fraude es
una acción contraria a la verdad y a la rectitud. Supone una planificación
deliberada para presentar hechos o documentos tanto falsos como reales, con
fines de engaño.
Hay diferencias
entre las noticias falsas y el fraude informativo organizado.
En las fake news, la falta de veracidad puede
ser deducida por contexto.
En el fraude
informativo, la adulteración de la verdad tiene un mayor espesor, alcanzando al
contexto y el trasfondo histórico. Se trata de la manipulación coherente y
planificada de un conjunto interrelacionado de discursos. Son prácticas
desinformativas realizadas en forma sistemática y repetitiva dentro de un
ecosistema de medios hegemónicos. Ciertas verdades hipnóticas, repetidas
incesantemente, se validan entre sí. La veracidad de este extendido sistema de
mensajes autorreferenciales nunca es discutida dentro del ecosistema.
Peor aún: toda
expresión que no respeta el carácter sagrado de ciertos dogmas noticiosos es
arrojada a la periferia de los negacionistas, conspiracionistas y marginales.
El fraude
informativo naturaliza una visión del mundo patas para arriba, provoca un
“corrimiento del sentido común” como dice Michael Collon, una deformación de
los valores que deberían inspirar la agenda pública. Instala un sistema de
noticias robotizado, paralizado en la repetición hipnótica de eslóganes y sound bites.
Es un modelo de
comunicación envenenada, diseñado para inocular emociones tóxicas en las
audiencias. Difunde una visión maniquea del mundo, que estigmatiza ciertos sectores,
al mismo tiempo que glorifica la guerra, el Estado policial y la militarización
de crecientes áreas de la vida social.
No son
diferencias de opinión o de ideologías. No es error, casualidad o negligencia.
Hay reglas del periodismo que no se cumplen, y otras que se cumplen al revés.
Las noticias patas para arriba
A lo largo del
Siglo XX la comunidad periodística profesional consensuó criterios de
noticiabilidad que guiaron a las redacciones a la hora de jerarquizar las
distintas unidades informativas. En pocas palabras, para definir la
“importancia” de un evento noticiable, se evalúa la cantidad de personas
afectadas, su cercanía geográfica, el impacto que puede tener en futuros
acontecimiento y otros criterios. También hay chequeo de fuentes, consultas
cruzadas, fuentes alternativas y un conjunto de recursos que suman
multiperspectividad a la mirada de los periodistas.
Estos métodos
profesionales de trabajo se asemejan al protocolo requerido por un oficial de
justicia para determinar los pasos a seguir ante un evento judiciable. Sin
embargo, estas prácticas que alejan la arbitrariedad y el capricho a la hora de
seleccionar y presentar eventos noticiables, han sido sustituidas por un
desequilibrio que va más allá de discrepancias ideológicas.
En algunos
casos, una amplificación exagerada de los problemas; en otros un filtro de
censura feroz, un cerco mediático que tiende un velo sobre lo que realmente
ocurre; y últimamente, la conjunción de maniobras judiciales con linchamientos
mediáticos que potencian la creación virtual de realidad por parte de una
pequeña élite de programadores globales.
El fraude
informativo se intensificó a partir del atentado contra las Torres Gemelas y el
lanzamiento de la Guerra contra el Terrorismo. La propia versión oficial de lo
sucedido el 11 de septiembre del 2001 es un gigantesco “montaje narrativo”
sobre el que se multiplican los libros de denuncia y las pruebas que refutan la
versión oficial. La saga continuó con la destrucción de Irak, Libia, Siria, y
una cadena de noticias repleta de eventos catastróficos y espectaculares. El
relato en su conjunto tiende a crear miedos y enemigos, para justificar guerras
y sabotajes contra gobiernos y pueblos enteros.
Cinco ingredientes del fraude
informativo
Las usinas de
propaganda noticiosa contienen estrategias ocultas de alto poder persuasivo que
en muchos casos no llegamos aún a comprender. Pero hay elementos visibles que
se pueden identificar para avanzar hacia una ecología de la información.
A continuación,
cinco estrategias narrativas del fraude informativo. Son simplificaciones
manipuladas del mundo, y como tales, de alto impacto. Son ingredientes básicos
de la comunicación envenenada que aturde a amplias audiencias del mundo:
1. Verosímiles
La construcción
de verosímiles encaja perfectamente con la noción de “posverdad”, entendida
como “la cualidad de ser percibida como verdadera, sin ser necesariamente
verdadera”. La diferencia entre una noticia “verosímil” y una verdadera es que
la verosímil solo “aparenta” ser verdadera. Un verosímil encierra elementos
reales combinados con otros falsos de una manera que logren concitar
credibilidad. Dibujan un “mundo posible”, o “virtual” dentro de ciertos
supuestos compartidos y opiniones generalizadas. Son cócteles noticiosos que
combinan de elementos reales con medias verdades y mentiras, documentos
falseados, fotos y filmaciones trucadas.
La producción
televisiva de falsos rescates, manifestaciones de protesta o víctimas de
ataques gubernamentales ha sido ampliamente documentada por organizaciones como
Red Voltaire o Veterans Today. En la última década los verosímiles abundan.
Dentro de esta
categoría, las mentiras especulativas se refieren a probables eventos futuros
(“La violencia del narco mexicano podría derramarse sobre la frontera con
EEUU”) o a consecuencias futuras de las acciones de gobierno (“No atacar Irak
sería suicida para los EEUU”). Suele ser información originada en
especulaciones de los máximos dirigentes, imposible de contrastar en otras
fuentes, y por lo tanto, imposibles de refutar.
Los verosímiles
solo son posibles mediante un recorte del contexto histórico y la complejidad
de la realidad. Para esto, se ocultan deliberadamente los datos más relevantes
para comprender cada evento. Un ejemplo es el proceso de guerras e invasiones
en Medio Oriente. El guión noticioso propalado por los medios hegemónicos
disfraza este “continuum” militar bajo la forma de conflictos locales,
aparentemente desconectados entre sí, ocultando la presencia de ingeniería
extranjera en los acontecimientos.
2. Estereotipos infantiles
Son relatos
repetitivos en su estructura, diseñados para un público no maduro. Construyen
la oposición entre villanos y héroes, y la escenificación de un “ultraje” o un
“peligro” que requiere reparación.
Las noticias se
nutren de temibles terroristas, armas de destrucción masiva, personas gaseadas,
ataques nucleares en 45 minutos, manifestaciones bombardeadas por su propio
gobierno y dictadores “linchados por su propio pueblo”. Cada capítulo da lugar
a la aparición del “ejército liberador”, o en los últimos años, a la novedad
narrativa de la “rebelión espontánea del pueblo”, capaz de organizarse para
tomar ciudades enteras, derrotar al aparato policíaco y militar en cuestión de
días, o incluso, volar por los aires ministerios estratégicos aniquilando a
altos mandos militares.
Los
estereotipos repiten estructuras y personajes en diversos formatos. Los
contenidos noticiosos se refuerzan mutuamente con el cine y la web. Muchas
noticias aparecen diseñadas como “mini-filmes”, que permiten marcar el campo
del bien y del mal, y apelar a emociones íntimas en pocos segundos. Vemos
muchas veces a los mismos personajes y situaciones estereotipadas tanto en las
noticias como en las películas. Todos estos grandes canales, validándose unos a
otros, generan “efectos de realidad” más potentes.
3. Predicación analítica
Herbert Marcuse
definió este concepto como “la identificación autoritaria entre persona y
función”, o en otras palabras, la asociación de ciertos individuos o grupos a
patrones fijos. Un sustantivo específico, unido casi siempre con los mismos
adjetivos y atributos, convierte a la frase en una fórmula hipnótica que
infinitamente repetida, y fija el significado en la mente del receptor.
Dentro del
esquema de la predicación analítica, los mandatarios de las naciones
occidentales siempre son presentados como civilizados, bien pensantes y
sonrientes, y asociados con términos como “democracia”, “reconstrucción” o
“intervención humanitaria”. En cambio, sus oponentes políticos, o los
movimientos sociales antagónicos, son presentados como locos, malvados o
irracionales, asociados con términos como “dictadura”, “violencia” o “violación
de derechos humanos”.
La predicación
analítica es un fraude informativo porque escamotea el carácter
multidimensional y paradójico de la naturaleza humana, y alimenta una
concepción maniquea del mundo, que divide entre ángeles y demonios, santos y
pecadores. Invita a la purificación del mundo mediante el exterminio del “eje
del mal”. El resultado de este bombardeo es la programación mental del
ciudadano, que percibirá de forma negativa, aún sin recordar los motivos, a
ciertos países, personajes y movimientos sociales estigmatizados en las
noticias.
4. Falsas simetrías
Una “falsa
simetría” es una narración periodística que, aparentando neutralidad y/o
equilibrio ante un conflicto, describe a los contendientes como partes con
responsabilidad similar en la disputa. Un ejemplo es el caso de Palestina. La
falsa simetría informativa iguala a ocupantes y ocupados, opresores y víctimas.
Es frecuente que la prensa narre los acontecimientos violentos en términos de
“provocación” palestina y “represalia” israelí. Este lenguaje “imputa
discretamente la responsabilidad inicial a uno de los beligerantes”, en este
caso los palestinos, por la aparición y prolongación del conflicto.
Los efectos
políticos de la instalación de una falsa simetría en la opinión pública no son
nada desdeñables. Se produce un “corrimiento del sentido común”, es decir, ante
la desmesura del discurso mentiroso del poder, muchos sectores políticos y
diplomáticos, intelectuales y periodistas, ensayan una postura que intenta
“quedarse en el medio”. Así, apoyan soluciones “sensatas”, que “con el consenso
en la comunidad internacional”, siguen siendo de todos modos intrínsecamente
injustas y arbitrarias.
5. Falsas asimetrías
Una “falsa
asimetría” es una construcción que exagera hasta el paroxismo la importancia de
hechos nimios, o las culpas atribuidas a ciertos actores. Por ejemplo, endilga
a un país una responsabilidad desproporcionada en problemas de índole
universal: corrupción, violaciones a los derechos humanos o uso excesivo de la
fuerza por parte del gobierno. Otro ejemplo: atribuir a un partido político o
un movimiento social un carácter delictivo o amenazante en base a simples
hechos episódicos, o a una saga de informaciones falsas.
Una “falsa
asimetría” recurre a verosímiles, estereotipos infantiles y predicación
analítica para crear una percepción infundada de que ciertas personas o
colectivos sociales son especialmente problemáticos, peligrosos o moralmente
condenables. Así, sobre la base de hechos falsos o medias verdades,
estadísticas sesgadas y ejercicios de doble rasero, se estigmatiza a líderes,
grupos y países “target”. El bombardeo de noticias construye una percepción
colectiva de ciertos actores como “los más ladrones”, “los más represores” o
“los más peligrosos”.
Una “falsa
asimetría” viola principios básicos de presunción de inocencia e invierte la
carga de la prueba. El sistema de noticias funciona como un tribunal sumario
que procede al linchamiento instantáneo de los acusados, a los que
habitualmente se les niega el derecho a defenderse.
Una “falsa
asimetría” también viola principios básicos de noticiabilidad periodística.
Puede atribuirle mayor importancia a una infidelidad conyugal del presidente,
que a su decisión de bombardear un país y desatar una guerra.
La democracia secuestrada
Un país no se
puede considerar una democracia si una gran mayoría de su población está
sometida a una comunicación manipulada y a una información fundamentalmente
falsa. La atmósfera comunicacional de un país no solo afecta al sistema
político: es también un problema de salud pública. La comunicación envenenada
enferma a las audiencias, genera todo tipo de neurosis y enfrenta a los
ciudadanos entre sí. Además, converge con otros fenómenos en el embrutecimiento
general de la población.
La aparición de
Internet y el desarrollo de las redes sociales permitió a muchos creer en una
herramienta para balancear parcialmente esta situación, con la proliferación de
canales de información alternativa, o con la posibilidad de que cada ciudadano
se convierta en un emisor de noticias. Sin embargo, en los hechos, el filtrado
de los buscadores y los algoritmos de las redes permiten visibilizar o
invisibilizar ciertos contenidos desde el escritorio de los programadores
planetarios, o incluso personalizar los resultados de las búsquedas con
contenidos prediseñados para el usuario. Esto facilita la construcción de una
“burbuja perceptual”, y en definitiva, un control social más efectivo.
Por eso hoy más
que nunca, los ciudadanos debemos impulsar una reforma profunda del sistema de
medios de información. Solo la multiplicidad real de voces y de fuentes, y la
aplicación de firmes normas éticas para el ejercicio de la profesión, puede
salvar al periodismo de la bancarrota moral, y a la democracia de su secuestro
definitivo.
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