No es solo Maduro, también es China
Xulio Ríos*
La crisis que
vive Venezuela actualmente no solo obedece a causas endógenas sino que
escenifica un exacerbado pulso que enfrenta a EEUU con el gigante oriental. En
América Latina y el Caribe, Washington ha pasado de la observación atenta a la
confrontación abierta con Beijing a la vista de su creciente presencia en la
zona. En Venezuela, la Casa Blanca envía un contundente mensaje a Beijing y
plantea una severa advertencia a los países de la región.
Apoyándose en
buena medida en los gobiernos progresistas de la zona, la relativa inhibición
de la Administración norteamericana -con otras prioridades en su agenda-, las
amplias necesidades de América Latina y su interés en diversificar los socios
comerciales y las propias exigencias de la economía china, Beijing dio un salto
espectacular en sus relaciones con los países latinoamericanos y caribeños.
El estallido de
la crisis económica y financiera, el tránsito hacia un nuevo modelo de
desarrollo en China y las dificultades de su economía y la sucesión de
alternancias conservadoras en no pocos gobiernos de la región abrieron un
periodo de incertidumbre.
No obstante,
Beijing dejó claro que su apuesta en América Latina es estratégica y pragmática
proponiendo la extensión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta a la región
con una agenda de compromisos que daría un gran impulso a la relación no solo
con comercio sino con inversiones en todo tipo de infraestructuras (puertos,
carreteras, ferrocarril, centrales hidroeléctricas, etc.). En su mayoría, los
gobiernos de la región aplaudieron esta actitud. En el 2018, el comercio bilateral
de China con América Latina alcanzó el récord de 307.400 millones de dólares,
con un aumento del 18,9%, confirmándose como el segundo socio comercial de
América Latina. Un total de 16 países de la región firmaron memorandos de
entendimiento con China para construir conjuntamente la Franja y la Ruta. China
es el mayor socio comercial de Chile, Argentina, Brasil y Perú.
China ha sabido
lidiar con las dificultades, incluidas las alternancias. Experiencia no le
falta. Recordemos los Chiles de Allende y Pinochet. Y eran tiempos de Mao. Pero
una vez más, lo que amenaza con desequilibrar esta marcha “triunfal” es la
decidida intervención de EEUU con el objetivo de contener a sus rivales y
preservar su hegemonía en la zona. Y la defenderá con todos los medios a su
alcance. Nadie lo dude.
En su gira del
pasado octubre por América Latina, el secretario de Estado Mike Pompeo lo dijo
alto y claro: todos tienen que “elegir campo”. Lo mismo había dicho su
antecesor Rex Tillerson en su visita a la región en el 2017, advirtiendo a los
países latinoamericanos contra la posibilidad de hacer negocios con China. La
ruptura de relaciones con Taiwán de países como El Salvador, República
Dominicana o Panamá, disparó las alarmas. En septiembre pasado, EEUU llamó a
consultas a sus embajadores en los tres países. Como dice el vicepresidente
Pence, es momento de “pasar a la acción”.
China y Venezuela
Hugo Chávez
alentó el acercamiento a China a modo de contrapeso a EEUU. Para tranquilizar a
la Casa Blanca, Beijing siempre quiso eludir ese juego evitando ideologizar su
relación, remitiéndola a la gestión de los intereses económicos de ambas
partes. Entre el 2003 y el 2012, los intercambios comerciales pasaron de 800
millones a 20 mil millones de dólares convirtiéndose Venezuela en el cuarto
proveedor de petróleo de China. Los préstamos concedidos a Caracas por China
ascienden hoy día a unos 62 mil millones de dólares, representando el 53% del
total de los concedidos a América Latina. La deuda de Caracas con China
asciende actualmente a 23 mil millones de dólares, el 16,4% del total de su
deuda con el exterior.
En los últimos
dos años, China ha moderado sus compromisos con Venezuela a la vista de las
dificultades de todo tipo en las relaciones con su gobierno, aunque mostrando empatía
y solidaridad. En el último viaje de Maduro a China, en septiembre pasado,
Beijing otorgó un nuevo préstamo y comprometió más inversiones en los
yacimientos del Orinoco y de Ayachuco, donde la estatal CNPC ha realizado
importantes desembolsos.
Venezuela
cataliza hoy la feroz rivalidad estratégica entre EEUU y China pero no es el
único caso relevante en la región. El siguiente asalto bien pudiera ser la
estación espacial que China ha construido en la Patagonia argentina, en
Neuquén, en funcionamiento desde el pasado abril y que desempeñó un papel clave
en el reciente aterrizaje de una nave espacial en el lado oscuro de la Luna. A
pesar de que Beijing y Buenos Aires se dieron garantías mutuas sobre la
naturaleza civil y pacífica de la instalación, el ruido mediático a propósito
de su supuesta finalidad militar va en incremento con diversas autoridades de
EEUU alertando un día sí y otro también de los peligros de los “acuerdos chinos
opacos y depredadores que socavan la soberanía de las naciones”…. La Agencia
Espacial Europea firmó con Argentina un acuerdo similar en una provincia
vecina… Washington quiere echar a China de la zona y difícilmente parará hasta
conseguirlo.
En Venezuela, el
golpe en la mesa de EEUU no es más que un escarmiento a China (como hizo en
Libia) y tendrá consecuencias para toda la región. Un serio trompazo en
Venezuela quiere contrariar los planes de Beijing para toda la región en el
marco de esa “extensión natural” de la Iniciativa de la Franja y la Ruta que
tan nervioso pone a Washington. La relevancia creciente de China en su “patio
trasero” lo lleva fatal. La doctrina Monroe vuelve por sus fueros y los países
de la zona deben volver al redil. Beijing no se ha puesto de lado ni ha dejado
esta vez que Putin expresara opiniones que prefiere callar. Mostró su apoyo a
Maduro, apeló al diálogo y condenó la injerencia exterior pero está por ver que
sea suficiente.
*Director del Observatorio
de la Política China.
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