Venezuela, el mundo al revés y la guerra de EEUU
Jorge Fonseca*
Si nos dejamos
convencer de que hay que mandar a los “marines para inyectar democracia”
(Benedetti) en Venezuela, como nos dejamos convencer por Bush y Aznar de que
había que invadir a Irak, el costo lo pagarán los venezolanos.
Irak está hoy en
ruinas por una guerra basada en mentiras que costó cientos de miles de muertos,
también Libia, donde hoy se venden esclavos, invadida por Obama (“mi peor
error”, confesaría), al igual que Siria, donde Clinton apoyó al terrorismo
islámico.
Pero además de
las consecuencias para el pueblo de Venezuela, si aceptamos que el criterio
usado para definir democracia y dictadura lo decida el Gobierno ultraderechista
de Estados Unidos, presidido por Trump, y la UE mantiene su sumisión empujada
por Trump (como informó El País), el
mundo habría entrado en una fase de totalitarismo global disfrazado de
democracia.
Las fuerzas extranjeras
Incluso para los
que son muy críticos con el Gobierno de Maduro, pero defienden la paz y la no
intervención, les sonará a sarcasmo oír hablar de democracia a Guaidó (el
opositor empujado por EEUU a autoproclamarse presidente) mientras defiende la
intervención extranjera (disfrazada de ayuda humanitaria, ya en marcha con tropas
de Brasil, Colombia y EEUU), u oírle llamar al golpe militar a las Fuerzas
Armadas de Venezuela y alentar a la guerra civil.
Es todavía mayor
sarcasmo que lo plantee EEUU, gobernado por el ultraderechista Trump, xenófobo,
machista, racista, ganador con trampas de las elecciones, que viola derechos
humanos de inmigrantes, incluidos niños (como cuando los separa de sus padres y
los encierra en jaulas), y de sus propios ciudadanos, como cuando los condena a
prisión por el humano gesto de dejar agua a los inmigrantes, por no hablar de
privar de atención médica a millones de pobres.
Pero no es solo
Trump y los últimos gobiernos, EEUU tiene un largo historial de crímenes contra
la humanidad desde su misma formación: votó en el Congreso anexarse todo México
y Centroamérica y en el 1823 el presidente Monroe declaró que América era para
los (Norte) americanos.
Desde entonces,
invasiones y promoción de golpes militares fueron una constante hasta hoy:
invasiones a México, al que arrebató más de la mitad del territorio que
concentraba ricas tierras agrícolas, oro y petróleo; reiteradas invasiones a
Nicaragua, Cuba, Panamá, República Dominicana, Haití, Guatemala; organización
de golpes militares para imponer dictaduras criminales en Guatemala (contra
Árbenz), en Argentina (en el 1955, 1966 y en el 1976 imponiendo a Videla), en
Ecuador en el 1961, en el 1963 en R. Dominicana con posterior ocupación, en el
1964 en Brasil, en el 1973 en Chile imponiendo a Pinochet, en el mismo año en
Uruguay, en los ochenta y noventa de nuevo en Centroamérica, en el 2002 el
golpe contra Chávez en Venezuela apoyado por el partido Voluntad Popular,
creado por Guaidó y Leopoldo López –quienes promovieron las “guarimbas”,
disturbios violentos, incluyendo uso de armas de fuego, que han provocado
decenas de muertos entre manifestantes opositores y policías en los años
siguientes.
En la última
década, EEUU estuvo detrás del golpe militar en Honduras y de los golpes “institucionales” en Paraguay, en el 2012, y
contra Dilma Rousseff en Brasil, en el 2015, hasta la actual ofensiva contra
Venezuela. Por no hacer la lista de guerras en todo el mundo: Corea, Vietnam,
todo el sudeste asiático, Egipto, Irak, Irán, Libia, Siria, Yemen…
Desde el primer
momento secundaron a Trump, y ofrecieron tropas para la invasión, el
ultraderechista brasileño Bolsonaro, defensor de la violación, la violencia de
género, el racismo y las privatizaciones masivas, Duque, presidente de
Colombia, delfín de Uribe, el creador de los paramilitares y del asesinato a
opositores y activistas sociales (casi cuatrocientos en los últimos tres años),
y Macri, presidente de Argentina y defensor del tiro por la espalda por parte
de las fuerzas represivas, de la libertad a genocidas y que ha destruido la
democracia y la economía en tres años.
Se sumó la UE,
que le reclama democracia a Venezuela pero que casi nada hace para frenar las
violaciones de derechos humanos de los regímenes de Polonia, Hungría y otros
países (en 18 de sus gobiernos está presente la ultraderecha, que gobierna para
170 millones de europeos) y que sostiene a regímenes violadores sistemáticos de
derechos humanos como el de Arabia Saudita, que realiza un genocidio en Yemen,
con armas europeas, y lo ha llevado a una crisis humanitaria que afecta a
millones de personas que a nadie importan.
La UE también
ampara los crímenes de Israel, que practica un genocidio sobre el pueblo
palestino, al que pretende incorporar a la UE, sin ser un país europeo, porque
lo exige EEUU.
La UE que cede
soberanía de los estados a las empresas transnacionales, a las que en los
tratados de Comercio e Inversión les otorga derechos que no tenemos los
ciudadanos (tribunales privados para sus conflictos con los estados, acceso
privilegiado a cualquier legislación, derecho a indemnizaciones millonarias,
etc.).
El pasado
colonialista de Europa, que provocó millones de muertos, esclavizó a millones
de personas y que por el reparto del botín colonial causó dos guerras
mundiales, lo dejamos para otra ocasión.
También dejamos
de lado la complicidad con los regímenes de terrorismo de Estado en América
Latina, como la España de la transición que en el 1978 avaló a Videla, con
quien el rey Juan Carlos intercambió honores en Argentina mientras se asesinaba
a miles de ciudadanos, incluidos 700 españoles, lo que ya era sabido en todo el
mundo.
La legitimidad
Si lo que se
plantea es la legitimidad, recordemos que el opositor Juan Guaidó y Trump
quieren deslegitimar al presidente venezolano Nicolás Maduro, quien, nos guste
o nos disguste, fue elegido hace ocho meses en elecciones constitucionales
supervisadas por cientos de veedores internacionales, a las que se presentaron
15 partidos de la oposición y donde a último momento tres partidos de
ultraderecha anunciaron que no se presentaban a instancias de EEUU (con la complicidad
de la UE como lo ha denunciado el expresidente español José Luis Rodríguez
Zapatero que fiscalizó esas elecciones). Esta es la oposición que hoy pide
golpe de Estado a los militares, alentando una guerra civil y una intervención
extranjera.
Pedro Sánchez, a
quién PP y C`s, apoyados por VOX, niegan la legitimidad de su Gobierno surgido
de una moción de censura un día y otro también, se ha convertido en vocero de
la derecha intervencionista y golpista de la UE, presionada por EEUU, en vez de
situarse junto a México, Uruguay y otros países que defienden una solución
negociada.
En cuanto a la
represión, los que reivindicamos el derecho inalienable a la manifestación,
pero reconocemos que en una democracia, por discutida que sea, esta debe ser
pacífica, constatamos que desde el intento de golpe de Estado del 2002 hubo
violencia de grupos minoritarios que han usado armas de fuego contra la policía
y funcionarios, violencia que ha sido reprimida y el saldo es de numerosas
víctimas civiles y de las fuerzas de seguridad.
Reclamamos que se
publique el resultado de las investigaciones judiciales de responsabilidad de
ambas partes, pero a EEUU y a la UE no les han preocupado las víctimas del
oficialismo ni los asesinatos de los activistas colombianos, argentinos o
brasileños.
Por otra parte, a
ningún ciudadano progresista de estos países se le ocurriría proponer un golpe
militar, una guerra civil o una invasión extranjera como solución.
En España, el
Tribunal Supremo rectificó una sentencia porque perjudica a la banca, la
justicia deja en libertad a violadores y pederastas, tolera la exaltación del
genocidio del terrorismo de Estado franquista. Esa justicia, en cambio,
enjuicia a huelguistas, titiriteros, tuiteros o raperos a la vez que condena
duramente a personas acusadas de tirar piedras en manifestaciones.
El mundo al revés
Lo tremendo que
nos sitúa al borde del triunfo del totalitarismo global es que prevalece
sistemáticamente la post-verdad, es decir, la mentira presentada como verdad, o
el mundo al revés que diría Eduardo Galeano.
Mundo al revés
que ha hecho que en pocas semanas dos presidentes considerados como
abiertamente antidemocráticos, ultraderechistas, xenófobos, racistas,
machistas, promotores de la violación de derechos humanos y de la destrucción
de la naturaleza, negando el cambio climático para favorecer a petroleras y a
empresas madereras y sojeras, quienes juegan a la III Guerra Mundial para
evitar ser superados por China, de pronto sean tratados como los paladines de
la democracia y la libertad.
Esto no puede ser
solo obra de los intereses financieros que están detrás de todos los medios que
hegemonizan las comunicaciones, en esto hay también responsabilidad de los
periodistas y columnistas que actúan como siervos del poder, ocultando o deformando
la verdad. Porque muchos de los que antes criticaron a esos césares
ultraderechistas ahora repiten sus consignas sobre Venezuela.
La crisis económica
Nadie niega la
grave crisis económica que vive Venezuela, ni tampoco exime al Gobierno de
parte de responsabilidad en ella.
El precio alto
del petróleo permitió al Gobierno financiar políticas sociales que redujeron el
desempleo y la pobreza (que bajó del 54% al inicio al 32% en el 2013),
eliminaron el analfabetismo, mejoraron la salud, construyeron casi dos millones
de viviendas sociales y redujeron la desigualdad.
Sin embargo, la
falta de una profunda reforma fiscal y una gestión ineficiente impidieron
mejorar salarios, resultados en distribución de la riqueza y diversificar la
matriz productiva, objetivo nada fácil en el capitalismo periférico.
Pero la evidencia
muestra el papel determinante del derrumbe del precio del petróleo en el 2014,
provocado por la combinación de la producción récord de EEUU mediante el fracking, insostenible a mediano plazo
dada su falta de rentabilidad (lo que sugiere que fue usado como ariete contra
Venezuela, Rusia e Irán), la decisión de su aliado Arabia Saudita de bajar los
precios, el aumento de la producción de Libia, sometida por EEUU, y la
reducción de la demanda.
La caída desde
108 dólares a 35 en solo dos años provocó un derrumbe del valor de las
exportaciones petroleras venezolanas (que son el 85% del total exportado),
devaluó la moneda, disparó la inflación desde el 57% al 303%, provocó la fuga
de capitales y hundió la financiación de las políticas económicas y sociales.
Ese mismo 2014,
EEUU intensificó las medidas contra el Gobierno de Maduro (aplicó su Venezuela
Defense of Human Rights an civil Society Act) y el partido de Guaidó y Leopoldo
López promovió las guarimbas “hasta derrocar el gobierno”, como declaró López y
puede verse en vídeo en Internet.
En el 2017, EEUU
añadió sanciones financieras que implican la expropiación de activos
venezolanos en EEUU, incluyendo su refinería Citgo, e impiden la compra de alimentos
y medicamentos en el exterior, a la vez que recrudecieron las guarimbas y la
hiperinflación alcanza cifras millonarias, afectando brutalmente el poder
adquisitivo y generando desempleo, pobreza generalizada y una fuerte
emigración, similar a la que se dio en España desde la crisis del 2008.
Venezuela, parte de la estrategia de control mundial del petróleo y la
guerra con China
Estados Unidos
asiste a un relativo declive económico que ha permitido que en el 2013 China le
alcanzara en Producto Bruto medido en paridades de poder de compra y que el FMI
prevea que en el 2022 le supere en un 40%, representando el 20% y el 14% del
total mundial, respectivamente.
Aunque la
supremacía tecnológica de EEUU en patentes de alta tecnología, royalties, productividad y exportación
de bienes de alta tecnología es todavía indiscutible, el peso del sector de las
tecnologías de la información y la comunicación en la economía de China ya es
similar al que tiene ese sector en la economía de EEUU y la reducción de la brecha
tecnológica por parte de China es acelerada, incluyendo la inteligencia
artificial, y de supremacía en tecnología media-alta, mucho más generadora de
empleo que la alta.
Los estrategas
del Pentágono plantean una confrontación creciente de EEUU con China, tanto en
el terreno económico-comercial como tecnológico y no excluyen la guerra. En esa
lucha, la guerra comercial es un episodio, pero la guerra por los recursos es
central, ya sea en una perspectiva de “Guerra Fría” como en una de guerra
abierta.
El control del
petróleo es, a su vez, la madre de todas las batallas: las reservas probadas de
petróleo alcanzan para 50 años con la tecnología existente y dando por sentado
que no habrá un desarrollo fuerte de los países “subdesarrollados”.
Estados Unidos
consume el 25% del total mundial pero posee solo el 2% de las reservas, lo que
equivale a cinco años de su consumo. Venezuela posee las mayores reservas de
petróleo del mundo, que equivalen al 20% de todo el mundo, pero su propiedad es
estatal.
Aunque Venezuela
destina una cuarta parte de sus exportaciones a EEUU, si este se hace con su
control directo, además del negocio para las grandes petroleras privadas le
supondrá garantizarse abastecimiento para 45 años en un lugar cercano a su
territorio, lo que es crucial para un caso de conflicto bélico, en el que su
principal aliado, Arabia Saudita, está más cerca de China que de su territorio.
Además, con ello conseguiría apartar a China y a Rusia del acceso que
actualmente tienen a esos recursos, por lo que suponen un fuerte apoyo al
Gobierno.
Las importantes
reservas de coltán, mineral clave para los productos tecnológicos, de oro y de
otros minerales han convertido a Venezuela en un botín de guerra a repartir,
como lo confesó Bolton, poniendo en evidencia que la invasión prevista,
disfrazada de “ayuda humanitaria”, nada tiene que ver con la democracia ni con
la libertad, que serán pisoteadas, sino con el petróleo.
Quienes creen que
una rendición total del Gobierno venezolano la evitaría se engañan, pues el
saqueo de Venezuela y su conversión en colonia estadounidense se decidió cuando
EEUU empujó a la ultraderecha representada por Guaidó a no presentarse a las
elecciones presidenciales para poder deslegitimar el Gobierno, hundir la
economía y propiciar una invasión disfrazada de ayuda humanitaria que provoque
un golpe militar y si es necesario una guerra civil.
La recuperación
del control de toda América Latina se hace al estilo de los siglos XIX y XX e
incluye todos los métodos (Lagarde, del FMI, declaró que las elecciones
previstas para este año en Argentina son un problema, sugiriendo que sería
deseable suspenderlas.)
La complicidad de
gobiernos extranjeros y medios de comunicación sirve para presentar al nuevo
totalitarismo global como la democracia del siglo XXI. La pasividad de la
ciudadanía es también complicidad.
Parafraseando a
Niemöller, quizá pensar que como no somos venezolanos podemos ser pasivos lleve
a que cuando vengan por nosotros, ya sea tarde.
*Profesor de Economía
Política Mundial, UCM, y miembro del Consejo Científico de ATTAC
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