Ecuador: golpe blando y persecución
Rafael Correa*
La destrucción del estado
de derecho
¿Pueden imaginar una
“democracia” con un consejo compuesto por delegados del Ejecutivo, el cual ha
destituido a la Corte Constitucional, al Consejo de la Judicatura (que
administra el Sistema de Justicia), al Consejo Electoral, al fiscal general de
la Nación, al defensor del Pueblo (ombudsman), y a todos los seis
superintendentes?
Lamentablemente, esa es la
situación actual de Ecuador. Abusando de la democracia participativa, y
engañando a la gente con la complicidad de la prensa corrupta, el 4 de febrero
de este año convocaron a un inconstitucional referéndum.
Nuestra Constitución exige
en varios de sus artículos que el referéndum tenga informe de la Corte
Constitucional, pero, dada la abierta inconstitucionalidad de varias preguntas,
el gobierno sabía que este informe era negativo y convocó a elecciones
directamente. Por primera vez en su historia, Ecuador tuvo un referéndum sin
control constitucional.
Con la aprobación de la
mañosa y confusa pregunta 3, se apoderaron del llamado Consejo de Participación
Ciudadana, cuyos miembros eran elegidos por concursos nacionales, y que, de
acuerdo con la Constitución del Ecuador, es el responsable de seleccionar por
concurso nacional a cerca de 150 autoridades de control. El inconstitucional
referéndum le dio al Consejo de Participación transitorio la “potestad” de
evaluar y, de ser el caso, destituir a estas autoridades de control. La
destitución de autoridades es facultad constitucional exclusiva de la Asamblea
Nacional. La Corte Constitucional, que ni siquiera es elegida por el Consejo de
Participación, no puede ser destituida por nadie.
En estos momentos Ecuador
no tiene Corte Constitucional, y ese mismo Consejo de Participación Ciudadana,
manejado por el Ejecutivo, declaró dos meses de vacancia constitucional, que
fenecen esta semana y seguramente será extendido. Durante todo este lapso, los
ecuatorianos no tenemos quién garantice nuestros derechos constitucionales.
Las autoridades
ilegalmente destituidas debían ser reemplazadas por sus alternos, como ordenan
la Constitución y la ley, pero, de forma absolutamente arbitraria, el mismo
Consejo de Participación nombró a sus reemplazos. Ni siquiera el
inconstitucional referéndum daba al Consejo de Participación la capacidad de
designar directamente autoridades.
En estos momentos, Ecuador
es la “República Transitoria”. Tenemos un Consejo de Participación Ciudadana
transitorio, un Consejo de la Judicatura temporal, Consejo Electoral temporal,
fiscal encargado, un ombudsman encargado, un procurador (abogado del Estado)
encargado, y todos los superintendentes encargados, prácticamente todos
abiertos enemigos de mi Gobierno, designados sin ley y directamente por el
Consejo de Participación.
La estructura del estado
ecuatoriano establece cinco funciones: Ejecutiva, Legislativa, Judicial,
Electoral, y Control Social y Participación Ciudadana. Tres de estas cinco
funciones están en manos de encargados, designados con el control del
Ejecutivo.
Las autoridades temporales
se posesionaron ante el Consejo de Participación transitorio, rompiendo el art.
120 de la Constitución, que establece que se deben posesionar ante la Asamblea
Nacional. Ojalá se entienda lo que es estar acusado por un fiscal “encargado”,
designado y posesionado por un Consejo de Participación “transitorio”, cuyo
presidente –un abierto enemigo político y personal– me insulta todos los días y
dice que debo estar preso.
El presidente del Consejo
de Participación Transitorio explícitamente declaró que si las decisiones del
Consejo contradecían la Constitución, prevalecerían las primeras, por ser
equivalentes, de acuerdo a él, a un mandato constituyente. En realidad, se lleva
a cabo un proceso desconstituyente, sin la autorización ni conciencia del
sujeto constituyente: el pueblo ecuatoriano.
Lo único constitucional de
la pregunta 3 del referéndum fue que los consejeros del Consejo de
Participación se eligieran por voto popular y no por concurso nacional de
méritos. El Gobierno sabe que perderá esa elección, y es consciente de todos
los abusos cometidos, por lo que ha propuesto –junto a las próximas elecciones
locales de marzo de 2019– otro referéndum para que el pueblo apruebe todas las
arbitrariedades cometidas, y para… ¡eliminar el Consejo de Participación
Ciudadana!
En otras palabras, en las
mismas elecciones donde deberían por primera vez elegirse por voto popular los
miembros definitivos del Consejo de Participación Ciudadana, se va a proponer
eliminar dicho Consejo, una vez que ya han cambiado a todas las autoridades de
control. El perfecto coup d’État.
La destitución del
vicepresidente
Nuestros adversarios
perdieron las elecciones pero ganaron el poder, ya que fuimos traicionados. Se
votó por la continuación de la Revolución Ciudadana, pero se aplica el programa
del candidato perdedor, con el cual el Gobierno pactó. El propio referéndum era
la propuesta central del candidato opositor derrotado en las urnas. Esto no
sería posible sin el apoyo descarado de las grandes corporaciones mediáticas.
Para realizar este coup
d’État, era necesario deshacerse del vicepresidente Jorge Glas. Esto lo
lograron involucrándolo en el caso de corrupción llamado Odebrecht, el cual
ocurrió en doce países. Odebrecht, empresa brasileña, era probablemente la
constructora más grande de América latina, pero creó todo un departamento para
dar comisiones y sobornos a funcionarios públicos corruptos.
El 2 de octubre del 2017,
al vicepresidente le impusieron una ilegal prisión preventiva. Después de 90
días, el presidente de la República directamente declaró abandonado el cargo y
designó el reemplazo del vicepresidente, sin esperar ningún dictamen de la
Corte Constitucional, como ordena la Constitución.
El vicepresidente fue
involucrado en este delito exclusivamente en base al falso testimonio de un
corrupto confeso de Odebrecht; fue condenado por un delito distinto de aquél
por el cual le levantaron la inmunidad; y lo sentenciaron con un código
derogado, para así poder aumentar la pena, y evitar que salga libre y retome la
Vicepresidencia de la República. Todo esto es impensable en un estado de
derecho.
Mientras tanto, los
corruptos confesos de Odebrecht ni siquiera fueron acusados por la Fiscalía del
Ecuador, evidenciándose el pacto de dejarlos en la impunidad a cambio de
involucrar al vicepresidente en el ilícito.
En marzo, fue destituido
el presidente de la Asamblea Nacional, ex aliado del Régimen, quien denunció
explícitamente el pacto que se habría hecho con Odebrecht. Como en cualquier
país del mundo, debió reemplazarlo la vicepresidenta de la Asamblea, pero,
nuevamente rompiendo la Constitución, el Gobierno operó políticamente para
nombrar a otra persona.
Es decir, además de no
poseer Corte Constitucional y tener a todas las autoridades de control
ilegalmente designadas, Ecuador se encuentra con vicepresidente de la República
y presidente de la Asamblea Nacional nombrados inconstitucionalmente.
Hasta el día de hoy, no se
ha podido comprobar un centavo mal habido por parte del vicepresidente, lo cual
es reconocido incluso por la prensa opositora a la Revolución Ciudadana, uno de
cuyos más conspicuos representantes acaba de admitir que el vicepresidente se
encuentra preso sin pruebas, pero por “la fuerza de las circunstancias”, léase,
el linchamiento mediático.
El 21 de octubre pasado,
el vicepresidente Jorge Glas fue trasladado de una cárcel de mínima seguridad a
una cárcel común, como represalia del Gobierno porque Fernando Alvarado,
exsecretario de Comunicación y otro perseguido político, rompió su medida
cautelar y buscó asilo en un país amigo. Esto nos recuerda bien las tácticas
nazis: si se escapaba un prisionero, había que matar a cinco, como venganza y
medida disuasiva. Como en los mejores tiempos del fascismo, se toma represalias
contra la familia y compañeros de los supuestos infractores.
Pese a que las medidas
cautelares sólo las pueden disponer los jueces, el Gobierno también anunció la
prohibición de salida del país de todos los miembros de mi Gobierno
supuestamente “investigados”, evidenciando el total control de la Justicia, y
atentando directamente contra la Convención Interamericana de Derechos Humanos.
Como cereza del pastel, el
fiscal encargado también sacó un comunicado diciendo que en los próximos días
acusará a autores y cómplices de delitos perpetrados contra el Estado, y que
solicitará las medidas cautelares correspondientes para evitar la “fuga” de
quienes podrían estar involucrados en estos hechos “delictivos”.
Persecución e impedimento
de participación política
En enero del 2018, de
forma absolutamente ilegal y con directa injerencia del Gobierno, nos quitaron
el partido que fundé, el más exitoso y grande de la historia ecuatoriana:
Alianza País.
Hemos intentado tres veces
registrar un nuevo movimiento político que represente a la Revolución Ciudadana,
pero nos lo han ilegalmente impedido. Atentando a nuestros derechos políticos y
humanos, y a la misma democracia, la principal fuerza política del país, la
Revolución Ciudadana –que en las últimas elecciones obtuvo cerca del 40% del
voto ciudadano–, se encuentra sin organización política reconocida e impedida
de participar en elecciones.
Por último, como ya se
mencionó, se ha desatado toda una persecución judicial contra los miembros de
mi Gobierno. Los principales instrumentos de esta persecución son el contralor
“encargado” –el cual también se encuentra ilegalmente en el cargo y no tiene
nombramiento alguno–, y el fiscal designado a dedo, con el título de “fiscal
encargado”, cargo que no existe en la ley ecuatoriana.
Mi equipo de Gobierno
tiene cerca de 300 auditorías de Contraloría con indicios de responsabilidad
penal. Los informes ni siquiera citan los artículos legales donde se encuentren
tipificados los supuestos delitos. Muchos de estos excolaboradores están sin
trabajo y han tenido que vender sus casas, vehículos, etc., para poder pagar
sus abogados.
Si alguien cree que éstas
son simples “opiniones”, puede pedir al Estado ecuatoriano cosas tan concretas
como el nombramiento constitucional del contralor, fiscal o Consejo de la
Judicatura. Sencillamente no existen.
En mi caso personal, tengo
14 procesos penales, por cosas tan ridículas como un supuesto
sobreendeudamiento del país, lo cual, además de falso, no tiene nada de penal,
sin mencionar que el presidente no maneja deuda.
Me involucran por haber
hecho un decreto estableciendo que, para cumplir el 40% de coeficiente máximo
deuda/PIB, límite que nosotros mismos establecimos en el 2010, tenía que
medirse la deuda pública de forma consolidada, de acuerdo con el manual del
Fondo Monetario Internacional. Contraloría supuestamente no está de acuerdo con
esto, y por eso pide iniciar una investigación penal contra un expresidente.
Otro ejemplo es el
involucramiento en la concesión de un campo petrolero llamado Singue, del cual
ni siquiera había escuchado hablar. Mi implicación en el caso supuestamente se
da porque una de las empresas mandó una carta a la Presidencia denunciando que
había sido perjudicada. Jamás leí esa carta. Llegan diariamente cientos de
comunicaciones a la Presidencia. La carta fue reenviada directamente al
correspondiente ministerio, pero, incluso si hubiera leído la misma, nuevamente
aquello no tiene nada de penal. ¡Imagínense el antecedente que están
estableciendo! Cualquiera que busque involucrar al presidente en un supuesto
delito, envía una carta a la Presidencia, y aquello ya es suficiente.
Finalmente, como nunca
pudieron probar corrupción, ni lo podrán hacer, me involucraron en supuestos
casos de represión: secuestro, asesinato e incluso una ejecución extrajudicial
de un agente de policía muerto por fuego cruzado mientras me daba protección el
30 de septiembre del 2010, cuando se dio un golpe de Estado y era a mí al que
querían asesinar.
Para eso levantan las más
folclóricas teorías, como por ejemplo que había convertido a la Secretaría de
Inteligencia en una policía política. En uno de los juicios contrataron
supuestos expertos que compararon a mi Gobierno con las dictaduras del Cono
Sur, donde, sólo en Argentina, hubo 30 000 muertos y desaparecidos. Pero resulta
que todos los presuntos casos de represión son de antes del 2013, cuando era
vicepresidente el actual presidente del Ecuador. ¿Cómo es posible que no
conociera algo tan grave? Es evidente que mienten.
El caso que más ha
avanzado es el llamado caso Balda, por el que he sido de la forma más absurda
llamado a juicio, y en el cual tenía incluso una orden de arresto, ya que me
impusieron ir cada 15 día a presentarme en un juzgado en Quito, lo cual fue
imposible de cumplir, porque todos conocen que resido hace más de un año en
Bélgica.
Me involucra en el caso el
falso testimonio del autor intelectual confeso del supuesto secuestro, un
policía al cual ni siquiera conozco, pero que, de acuerdo con su versión, se
reunió conmigo tres veces, y habló por teléfono otras tres veces más.
Ya tuvieron que reconocer
que mintió al decir que se había reunido conmigo y que no tienen prueba alguna
de las supuestas llamadas. Incluso ya logramos demostrar que en una de las
llamadas en realidad estaba volando de Guayaquil a Quito. En la situación actual
del Ecuador, donde ya no existe la presunción de inocencia, no se tiene que
probar la culpabilidad de alguien, sino que, después de cualquier falso
testimonio, ese alguien tiene que probar su inocencia.
La prensa ha posicionado
que Balda, la supuesta víctima, era asambleísta, lo cual es falso. En realidad,
es un tipo de un largo historial delictivo, que se encontraba prófugo de la
justicia en Colombia, dedicado a la piratería informática, y fue retenido 35
minutos por sus socios en estas ilegales actividades. Poco tiempo después del
supuesto secuestro, fue deportado por el Gobierno colombiano, ya que, además,
su estadía en Colombia era irregular.
Por este supuesto
secuestro, en el año 2013 Balda presentó una denuncia en Ecuador, donde entre
los muchos acusados, ni siquiera me menciona.
Además, en el 2015
presentó por los mismos hechos una denuncia en Colombia, contra miembros de mi
Gobierno y contra mí, denuncia que fue archivada por la Fiscalía colombiana por
falta de fundamentos.
Pese a eso, seis años
después, en abril del 2018, se reabre el caso en Ecuador, dándole la prensa una
cobertura espectacular, y posicionándolo como un “crimen de Estado” contra un
“asambleísta”.
Ya desde octubre del 2017,
Lenín Moreno, actual presidente del Ecuador, había anunciado que no perdía las
esperanzas de verme preso, y el mismo Balda en el mes de noviembre enviaba
mensajes en redes sociales diciendo que pronto habría una alerta roja de
Interpol contra mí. Claramente, todo estaba planificado.
Uno de los principales
asesores presidenciales paladinamente reconoció que viajó a España, lugar donde
se encuentra un ex secretario de Inteligencia involucrado en el supuesto
ilícito, para decirle que se entregue y me acuse, en cuyo caso lo iban ayudar,
o, caso contrario, le iban a “llover las denuncias penales”.
De todo lo afirmado
existen pruebas documentales y audiovisuales.
El lawfare regional
El lawfare o
judicialización de la política es una estrategia regional. Es lo que están
igualmente haciendo contra Lula da Silva y Cristina Fernández. Sus principales
instrumentos son la prensa y una justicia cooptada.
El caso del juez Moro es
de antología. Dicta prisión para Lula en un caso de corrupción por demás
dudoso, y de esta forma le impide participar en las elecciones presidenciales
de Brasil, pese a que era el candidato favorito en las encuestas, abriendo así
las puertas para el triunfo del fascista Jair Bolsonaro.
Moro será el ministro de
Justicia del nuevo Gobierno. Más claro, ni el agua.
Lo que también indigna es
la doble moral. Lo único que existe en la agenda internacional sobre
Latinoamérica es Venezuela. Si nuestros partidos de izquierda hubieran hecho un
golpe de Estado como el de Brasil, o un proceso desconstituyente como en
Ecuador, o si nuestros gobiernos hubieran perseguido a adversarios políticos
como están haciendo con Lula, Cristina, Jorge Glas o conmigo, ya estaríamos en
la Corte Penal Internacional.
Hay demasiada hipocresía.
En toda Latinoamérica, pero particularmente en Ecuador, se está destruyendo no
solo la democracia, sino también los mismos pilares de la civilización: la
justicia, los derechos humanos, y la verdad.
*Doctor (Ph.D.) en economía, catedrático, político y
economista ecuatoriano. Cuadragésimo quinto Presidente Constitucional del
Ecuador.
Comentarios
Publicar un comentario