Gira para aprender sobre la pobreza… en la quinta nación más rica del mundo
Patrick Kingsley
NEWCASTLE, Inglaterra — En un banco de alimentos de una zona deteriorada
del noreste de Inglaterra, una madre desempleada y su hijo adulto tuvieron hace
poco una mañana poco común. Denise y Michael Hunter normalmente acuden para
tomar una taza de té con los voluntarios, poder tener una comida decente y,
algunas veces, para llevarse uno o dos paquetes de alimentos.
Sin embargo, este día, los Hunter compartieron una reunión de té con un
invitado inesperado: el relator especial de Naciones Unidas sobre la pobreza
extrema y los derechos humanos, Philip Alston, quien llegó con sus cuatro
asistentes, dos cámaras de televisión, una decena de periodistas y el sacerdote
de la localidad.
“Es como si fuéramos de la realeza o algo así”, comentó Denise Hunter,
de 57 años, con el rostro radiante.
Era el tercer día de un recorrido de dos semanas de Alston por el quinto
país más rico del mundo: una ajetreada misión de 3 000 kilómetros a lo largo de
algunos de los distritos más pobres del Reino Unido. Visitó bancos de
alimentos, centros de formación laboral, caridades y ministerios
gubernamentales en las principales ciudades británicas para estudiar por qué
una quinta parte de los británicos está en el nivel de pobreza pese a que, a
nivel general, se registran aumentos en el empleo y crecimiento económico.
Los relatores especiales sobre la pobreza extrema tienen el encargo de
visitar e investigar los países con altos niveles de carencias para luego
informar a las Naciones Unidas sobre sus hallazgos. Históricamente, han pasado
la mayor parte de su tiempo en los países con zonas muy vulnerables. De hecho,
el viaje de Alston al Reino Unido es apenas la segunda misión que emprende un
relator sobre la pobreza a un país de Europa occidental; la otra fue a Irlanda
en el 2011. El relator también ha visitado Estados Unidos dos veces desde el
2000.
“Desde luego, hay algo extraño en esto”, señaló David Gordon, director
del Centro Townsend para la Investigación Mundial de la Pobreza en la
Universidad de Bristol, quien se reunió con Alston el segundo día de su
recorrido. “Cuando pensamos en los relatores especiales sobre la pobreza
extrema y los derechos humanos, pensamos que visitan África subsahariana o
Haití. No se espera que vayan al Reino Unido”.
No obstante, para Alston el Reino Unido en la actualidad es un lugar
lógico para una visita y no solamente porque ahí han aumentado la pobreza
infantil y la utilización de los bancos de alimentos.
Después de haber sido pionero del Estado de bienestar a finales de la
década del 1940 y tras la privatización en los años ochenta, el Reino Unido de
la década del 2010 se ha convertido en el principal laboratorio del mundo para
las políticas de austeridad. En respuesta a la crisis financiera del 2008, en
el mundo pocos partidos gobernantes han reducido al Estado durante tanto tiempo
y con tal júbilo ideológico como el Partido Conservador.
“El Reino Unido fue líder mundial en temas de seguridad social después
de la Segunda Guerra Mundial, fue líder mundial en la privatización a gran
escala y ahora mismo es líder mundial en la austeridad autoimpuesta”, señaló
Alston en entrevista cuando iba a bordo de un tren por el noreste de
Inglaterra, en un momento de descanso en su agenda. “Y por lo tanto, es un
importante caso de estudio para entender mejor las implicaciones de un proyecto
de austeridad”.
Desde el 2010, el gobierno ha implementado recortes por más de 39 mil
millones de dólares; ha congelado o reducido las prestaciones sociales, los
subsidios a la vivienda para las familias y los discapacitados, además de haber
disminuido los servicios para jóvenes y niños, así como el financiamiento para
las autoridades locales. Tales reformas técnicas, realizadas con ciertos
tropiezos, también han hecho que se retrasen los pagos para las familias con
dificultades; miles de ellas se han visto obligadas a contraer deudas
innecesarias y se han atrasado en el pago de sus rentas.
Aquí, en el banco de alimentos del extremo oeste de Newcastle, una
construcción de un piso donde los miembros del personal reparten cerca de
trescientos paquetes de alimentos a la semana, los residentes locales
terminaron por hacer fila para contarle a Alston la manera en que las reformas
los habían puesto en aprietos.
Denise Hunter era una de ellos. Hasta hace un año, Hunter y su esposo se
habían mantenido a flote gracias al dinero que ganaba su marido pintando
figuritas de juguete. Pero después de que él sufrió una enfermedad grave, se
vieron obligados a solicitar asistencia social.
Sin embargo, debido a varios problemas documentados con Crédito
Universal, el nuevo sistema de prestaciones sociales de los conservadores —como
el que personas con exactamente los mismos ingresos bajos reciben montos muy
dispares de asistencia—, la difícil situación de los Hunter ha empeorado. Casi
todos los nuevos beneficiarios del Crédito Universal deben esperar unas seis
semanas para recibir su primer pago, lo que obliga a contraer deudas a quienes
no tienen ahorros. Los Hunter no fueron la excepción.
Sin ingresos, los Hunter inmediatamente se retrasaron en el pago de la
renta; no pudieron pagar la electricidad, la comida ni la calefacción. Es
solamente gracias a la generosidad de su casero que no han sido desalojados, y
la única manera en la que pueden alimentarse es en el banco de alimentos.
“No podríamos sobrevivir sin el banco de alimentos”, comentó Denise.
A fin de evitar mayores recortes a los desembolsos que reciben del
Crédito Universal, Denise debe proporcionarle información al gobierno con
regularidad, vía Internet, acerca de qué está haciendo para encontrar trabajo.
Pero debido a que ella no puede costear un celular ni una conexión a
Internet desde su casa, a veces solo puede enviar esa información cuando visita
la biblioteca principal de la ciudad. Como tampoco puede pagar la tarifa del
autobús para ir allí, tiene que caminar cinco kilómetros, un largo trayecto de
ida y vuelta que le resta tiempo para buscar empleo. Debido a los recortes
gubernamentales, las bibliotecas que están más cerca de su casa han cerrado o
han reducido sus horarios y servicios.
En marzo, Denise fue hospitalizada con un padecimiento cardíaco y no
pudo actualizar sus datos en línea: le suspendieron los pagos por tres meses;
eso la obligó a contraer más deudas, comentó.
“Es tremendo”, afirmó. “No sabemos a quién recurrir”.
La situación de Denise Hunter está lejos de ser la única, a decir del
personal del banco de alimentos de Newcastle. En los últimos seis meses, se ha
incrementado en una quinta parte la demanda de paquetes de comida.
A nivel nacional, la cantidad de paquetes de alimentos distribuidos por
la fundación Trussell Trust, la red de bancos de alimentos más grande del Reino
Unido, aumentó a más de 650 000 a mediados del 2018, casi el doble de los 350
000 distribuidos durante la misma temporada en el 2013.
Según el Grupo de Atención a la Pobreza Infantil, un órgano de control
independiente, con los cambios en las prestaciones sociales, las familias que
dependen de ellas ahora son 2 700 dólares más pobres.
Además, aunque el desempleo se ha reducido a más de la mitad con los
conservadores, los salarios se han estancado y la cantidad de familias
trabajadoras que han caído en la pobreza ha aumentado.
Cuando Alston visitó una biblioteca en Newcastle para reunirse con más
familias, Tracey Whitenstall, de 41 años, estaba en la fila para hablar con él.
La vida de la madre soltera con tres hijos se vio afectada cuando fueron
transferidos al nuevo sistema de bienestar, el Crédito Universal: un error
administrativo causó que los pagos a la familia se retrasaran por diez semanas
y tuvieron que endeudarse.
El hijo adolescente de Whitenstall no pudo ir a la escuela durante todo
ese tiempo porque no podía costear la tarifa del autobús. Es de los 600 000
menores de edad que se calcula que han caído por debajo del nivel de pobreza
desde que se implementaron las reformas del Partido Conservador; el Instituto
de Estudios Fiscales, una firma de análisis independiente, cree que la
tendencia de pobreza entre niños continuará.
La situación muy probablemente empeorará con el brexit, programada para
marzo del 2019.
No obstante, la pobreza es un tema complejo y controvertido en el Reino
Unido, donde las diversas cifras sobre carencias son muy contrastantes. Algunos
observadores se mostraron escépticos acerca de que la visita de Alston fuera
necesaria.
A pesar de que la pobreza infantil ha aumentado considerablemente en los
últimos años, los niveles de pobreza en general se han mantenido bastante
estables o incluso han disminuido ligeramente; esto se debe en parte a que han
caído los niveles de pobreza entre personas jubiladas de los años ochenta a la
fecha. En el 2017, la Fundación Joseph Rowntree, un grupo de investigación de
la pobreza, clasificó a 1,5 millones de personas en situación de desamparo o de
extrema pobreza, pero esa cifra fue una cuarta parte menor que el número
registrado por el grupo en el 2015.
Si Alston termina por vincular la pobreza con las políticas
gubernamentales de prestaciones cuando presente su reporte, “solo complicaría
las cosas”, aseguró Edward Davies, director de políticas en el Centro para la
Justicia Social, un grupo de investigación fundado por Iain Duncan Smith, el
ministro conservador que condujo las reformas. “En este país existe un debate
sobre la reforma para la asistencia social, y lo que yo temo es que él se
enrede en eso”.
Alston mencionó que mantiene una mente abierta. En varias reuniones en
Newcastle, evitó hacer preguntas tendenciosas y, con frecuencia, hizo de
abogado del diablo con las personas que culpaban al gobierno.
Esa noche, mientras se dirigía en tren al norte de Escocia, Alston dijo
que no sacaría conclusiones hasta que publicara sus hallazgos preliminares. “Me
han dicho: ‘Vamos, seguro tenías un borrador antes de venir aquí'”, precisó.
“Pero en cada misión siempre me he preguntado después de unos días, ‘¿Qué
demonios voy a decir?'”.
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