Gran frente de valores ético-sociales
Leonardo Boff*
Estamos viviendo tiempos política y socialmente dramáticos. En nuestra
historia nunca se había visto un odio y una rabia tan difundidos,
principalmente a través de los medios sociales. Ha sido elegido para presidente
una figura aterradora que encarna la dimensión de sombra y de lo reprimido de
nuestra historia. Él ha contaminado a buena parte de sus electores. Esta figura
ha logrado traer a la luz lo diabólico (lo que separa y divide) que siempre
acompaña a lo simbólico (lo que une y congrega) de forma tan avasalladora que
lo diabólico ha inundado la conciencia de muchos y debilitado lo simbólico
hasta el punto de dividir familias, romper con amigos y liberar violencia
verbal y también física. Esta se dirige especialmente contra minorías
políticas, que en realidad son mayorías numéricas, como la población negra,
además de indígenas, quilombolas y otros de condición sexual diferenciada.
Necesitamos un líder o una unión de líderes, con el carisma capaz de
pacificar, de traer paz y armonía social: una persona de síntesis. El
presidente electo no será esta persona, pues le faltan todas esas características.
Por el contrario, refuerza la dimensión de sombra, presente en todos nosotros,
pero que mediante la civilidad, la ética, la moral y la religión la controlamos
con la dimensión de luz. Los antropólogos nos enseñan que todos nosotros
somos sapiens y simultáneamente demens, o en el
lenguaje de Freud, estamos atravesados por el principio de vida (eros) y
por el principio de muerte (thanatos).
El desafío de cada persona y de cualquier sociedad es ver cómo se
equilibran estas energías, que no pueden ser negadas, dando la hegemonía a lo
sapiens y al principio de vida. De lo contrario nos devoraríamos unos a otros.
En los tiempos actuales en nuestro país hemos perdido este punto de equilibrio.
Si queremos convivir y construir una sociedad mínimamente humana, debemos
potenciar la fuerza de la positividad haciendo contrapunto a la fuerza de la
negatividad. Es urgente desentrañar la luz, la tolerancia, la solidaridad, el
cuidado y el amor a la verdad que están arraigados en nuestra esencia humana.
¿Cómo hacerlo?
Los sabios de la humanidad, sin olvidar la sabiduría de los pueblos
originarios, nos atestiguan que hay un solo camino y no hay otro. Este fue bien
formulado por el poverello de Asís cuando cantó: donde
haya odio que yo lleve amor, donde haya discordia que yo lleve unión, donde
haya tinieblas que yo lleve luz y donde haya error que yo lleve verdad.
Especialmente la verdad ha sido secuestrada por el excapitán dentro de
un discurso de amenazas y de odio, contrario al espíritu de Jesús,
transformando la verdad en una horrible falsedad e injuria. Cabe citar los
versos del gran poeta español Antonio Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad. Y
ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. La verdad genuina nos debe
unir y no separar, pues nadie tiene su propiedad exclusiva. Todos participamos
de ella, de un modo u otro sin espíritu de posesión.
Junto con un frente político amplio en defensa de la democracia y de los
derechos sociales necesitamos aunar otro frente amplio, de todas las tendencias
políticas, ideológicas y espirituales, en torno a valores capaces de sacarnos
de la presente crisis.
Esto es importante: debemos usar aquellas herramientas que ellos jamás
podrán usar, como el amor, la solidaridad, la fraternidad, el derecho de cada
uno a poseer un pedacito de Tierra de la Casa Común que Dios ha destinado a
todos, una vivienda decente, a cultivar la compasión hacia los que sufren, el
respeto, la comprensión, la renuncia a todo espíritu de venganza, el derecho a
ser feliz y la verdad transparente. Valen las tres "Tes" del Papa
Francisco: Tierra, Techo y Trabajo, como derechos fundamentales.
Debemos atraer a los fieles de las iglesias pentecostales a través de
estos valores, que son también valores evangélicos, en contra de sus pastores
que son verdaderos lobos. Al darse cuenta de estos valores que los humanizan y
los acercan al Dios verdadero que está por encima y dentro de todos, y cuyo
verdadero nombre es amor y misericordia y no amenazas de infierno, los fieles
se liberarán de la servidumbre de un discurso que busca más el bolsillo de las
personas que el bien de sus almas.
El odio no se vence con más odio, ni la violencia con más violencia
todavía. Solo las manos que se entrelazan con otras manos, solo los hombros que
se ofrecen a los debilitados, solo el amor incondicional nos permitirá gestar,
en las palabras del injustamente odiado Paulo Freire, una sociedad menos
malvada donde no sea tan difícil el amor.
Aquí se encuentra el secreto que haría de Brasil una gran nación de los
trópicos que, en el irrefrenable proceso de mundialización, podría ayudar a
adquirir un rostro humano, jovial, alegre, hospitalario, tolerante, tierno y
fraterno.
*Teólogo, escritor, filósofo, ecologista y uno de los doce miembros del Comité Honorífico de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET).
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