México y América Latina, ¡dime con quién andas y te diré quién eres!
Miguel Tinker Salas*
Hace una década, cuando examinábamos el panorama político de América
Latina (AL), parecía imposible imaginar las condiciones que actualmente
existen. Hace diez años, fuerzas progresistas gobernaban en la mayoría de los
países en América del Sur.
Las movilizaciones de los movimientos sociales, incluyendo a los
indígenas, afrodescendientes, campesinos, sin tierra, mujeres, diversidad
sexual, y los migrantes, parecían redefinir el proceso político en el
continente.
Según la Cepal, en la primera década del siglo XXI se vio una importante
disminución de la pobreza. A nivel institucional existían nuevas
instancias que agrupaban a los países del continente, como era el caso de la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), y en América del
Sur, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
El panorama político al fin del 2018 nos presenta un panorama muy
distinto. Las fuerzas políticas más retrogradas del continente se han
reconstituido.
Ante la frustración de la población por la falta de cambios reales, los
múltiples errores de la izquierda, y los implacables ataques internaciones, la
derecha hoy dirige la mayoría de los gobiernos de AL. Impulsado por condiciones
similares, este proceso se repitió en Estados Unidos (EEUU) resultando en la
elección de Donald Trump.
¿Qué postura debe asumir el nuevo Gobierno mexicano ante esta nueva
realidad?
Una de las principales contribuciones de la diplomacia mexicana en el
período de la posrevolución fue la incorporación del concepto de la no
intervención en los asuntos internos de los estados y la autodeterminación de
los pueblos.
Esta postura surge a raíz de las experiencias que México tuvo en sus
relaciones con EEUU y Europa, que intentaban condicionar el reconocimiento de
su gobierno a concesiones que restringirían la soberanía nacional.
Ante una derecha resurgente y Trump en la Casa Blanca, los
principios de la autodeterminación y la soberanía asumen hoy la misma
importancia que tuvieron durante el período de pos Revolución Mexicana.
Trump, al igual que presidentes anteriores, mantiene la postura de que
EEUU tiene el derecho de imponer sus intereses sobre países a los que considera
su patio trasero, o sea, México y AL.
¿Cuáles, entonces, serán algunos de los retos que enfrentará el nuevo
Gobierno mexicano?
De inmediato tendrá que bregar con la migración internacional. Las
varias caravanas que han cruzado México y las que vendrán, resaltan que AL es
un continente en movimiento.
El neoliberalismo, la destrucción ambiental, la fallida guerra contra el
narcotráfico, la violencia perpetrada tanto por el Estado como por el crimen
organizado, han obligado a miles de personas a abandonar su país.
¡La migración no se detendrá, quedarse en su país ya no es opción! La
frontera entre México y EEUU ya no es simplemente un límite binacional, es
ahora la frontera entre AL y EEUU.
En Tijuana hay miles de haitianos, hondureños, sin contar a los
indígenas mexicanos desplazados de sus propios estados. Ante esta nueva
realidad, México debería asumir un papel de liderazgo y proponer un diálogo
latinoamericano sobre la migración.
El Gobierno de Peña Nieto hizo el trabajo sucio de EEUU y reprimió a los
migrantes. Las acciones del nuevo Gobierno en esta materia serán fundamentales
para contrarrestar el odio que impulsa Trump, cuyo objetivo es hacer de los
migrantes los chivos expiatorios de la crisis política en EEUU.
Además de la migración, el nuevo Gobierno tendrá que decidir su postura
ante el llamado Grupo de Lima y la OEA, lo que determinará en gran parte su
política hacia AL.
Frustrados por no haber logrado imponerle sanciones a Venezuela en la
OEA, varios países con gobiernos derechistas formaron el Grupo de Lima. México,
con Peña Nieto, ha jugado un papel clave en esta agrupación que critica a
Venezuela, pero mantiene silencio absoluto ante los atropellos a los derechos
humanos en Honduras o Brasil. México debería retirarse del Grupo de Lima.
La segunda instancia es la OEA, que siempre había sido dominada por
EEUU. Aun en pleno apogeo de la ola progresista, la OEA no pudo revertir el
golpe de Estado en Honduras en el 2009. El secretario general de la OEA, Luis
Almagro, ha perdido toda credibilidad.
¿Cuál debería ser la postura de México ante la OEA y su Secretario
General?
En la OEA, México debería promover la autodeterminación y la soberanía
incondicional de los países miembros. En el 2010, en Playa del Carmen, los
países de AL concretaron la formación de la Celac. El Gobierno
mexicano debería rescatar esta importante iniciativa, ejercer liderazgo dentro
de la Celac creando un espacio donde los países de AL puedan bregar con temas
como la migración sin la injerencia de EEUU.
En diferentes momentos históricos, México ha desempeñado un papel de
liderazgo en AL.
Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, México recibió a miles de migrantes
europeos que escapaban de la persecución religiosa y el fascismo; albergó a
estadounidenses que escapaban de la persecución de la Guerra Fría en
su país, y mantuvo relaciones con Cuba aun cuando EEUU impulsaba un embargo a
la Isla.
México abrigó a cientos de refugiados que escapaban de las sangrientas
dictaduras en Argentina y Chile, y recibió a miles de centroamericanos durante
las guerras que sacudieron la región en los años 80.
Este es el legado histórico que México debería recuperar, y establecer
una política externa basada en la no intervención y la autodeterminación de los
pueblos.
*Profesor, Pomona College, Los Ángeles
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